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Censos de Población y Viviendas de 2001

Un poco de historia

Series históricas de datos censales (Fichero Excel de 124 kb.)

Los Censos de España del Siglo XX

La población censada en España en 1991 fue de 38.872.268 habitantes, lo que supone más del doble que la cifra contabilizada en el Censo de 1900 (18.830.649 habitantes). Sin embargo, el crecimiento interanual no ha sido uniforme, pues mientras que en unas épocas la tasa anual superó el 10 por mil (1960-1981) en otras apenas superó el 3 (1981-1991).

Durante todo este siglo, el porcentaje de varones se ha mantenido en torno al 48,5 por ciento, descendiendo por debajo del 48 por ciento únicamente en el Censo de 1940 debido a las consecuencias de la Guerra Civil (1936-1939).

La evolución de la población española recogida en los censos refleja los acontecimientos históricos por los que ha atravesado el país que han alterado el devenir natural de los fenómenos demográficos. Un análisis pormenorizado de las generaciones permite descubrir las huellas de la epidemia de gripe de 1918, de la guerra de África (1921-1927), de la Guerra Civil que, aparte de la sobremortalidad y reducción de nacimientos común a todo enfrentamiento bélico supuso un éxodo de 300.000 personas, e incluso de la última emigración masiva de españoles (1959-1975) que afectó a más de un millón de personas.

La estructura por edad y sexo que se recoge en las sucesivas pirámides de edades también pone de manifiesto la evolución del comportamiento demográfico de la población española. En efecto, las pirámides de edades de comienzos de siglo muestran un modelo demográfico tradicional caracterizado por unas tasas elevadas tanto de natalidad (aunque ya mostraban una cierta limitación de la fecundidad) como de mortalidad.

Por el contrario, los últimos censos ponen de manifiesto un modelo radicalmente distinto con bajas tasas de natalidad y mortalidad, siendo de destacar la rapidez con que ha disminuido la primera desde 1975, hasta el extremo de haber transformado la imagen de pirámide que tradicionalmente ha representado a la población, hasta adoptar en la actualidad forma de pera. La consecuencia inmediata de este cambio de comportamiento ha sido el envejecimiento de la población actual y su previsible e inevitable acentuación en un futuro próximo.

Un aspecto a tener en cuenta en el estudio de las pirámides de población es el efecto reiterativo que tienen los fenómenos que afectan a las mismas. Así, unas generaciones reducidas por una causa cualquiera (por ejemplo, el descenso de nacimientos que conlleva una guerra) producirán a su vez generaciones menores cuando estas generaciones alcancen la edad de reproducción.

Aparte del interés que tienen para el conocimiento de la población y su evolución, las cifras censales cobran especial importancia como marco de referencia para evaluar al resto de las magnitudes, utilizándose para el cálculo de tasas, coeficientes e indicadores.

De todas formas, la información que aportan los censos sobrepasa el mero aspecto cuantitativo del volumen global de población, pues sus mayores posibilidades de aprovechamiento se derivan de las diferentes variables que recogen, proporcionando su conocimiento y facilitando la elaboración de políticas demográficas, económicas y sociales, así como el control de su realización.

Censos históricos

La historia de los censos de población en España ha de iniciarse, necesariamente, con una mención de los "Vecindarios" realizados por la monarquía hispánica a lo largo de los siglos XVI y XVII. Estas operaciones, cuya principal característica es la de intentar averiguar el número de vecinos existente en los diferentes lugares del reino de Castilla, tenían fines puramente fiscales. La unidad investigada –el vecino– nos resulta un tanto difícil de definir con precisión y, por esta razón, su conversión en número de habitantes es una operación aún no resuelta de forma satisfactoria.

Por todo esto, la verdadera historia de los censos de población en España comienza en 1768, año en el que el Conde de Aranda da las ordenes oportunas para que se inicien los trabajos encaminados a averiguar "la verdadera población de esta Monarquía" para de esta forma poder "promover ideas útiles al Estado, según los sexos y las edades".

Foto: Conde de ArandaLa realización de este Censo del Conde de Aranda se encomendó a los obispos que recibieron las instrucciones oportunas para que, a través de los párrocos de sus respectivas diócesis, se recogiesen los datos requeridos de los diferentes lugares de las mismas de acuerdo con un formulario único.

En este formulario se debía de resumir la población de dichos lugares en una tabla de doble entrada de acuerdo con seis grupos de edad, sexo y estado civil.

Dado que los resultados obtenidos con estos trabajos no fueron tan satisfactorios como se esperaba, el Conde de Floridablanca preparó la ejecución de un nuevo Censo de población.

El primer paso para la ejecución de este Censo se dio cuando, por Real orden de 1785, se ordenó a los intendentes de las diferentes provincias que remitiesen una relación de todos los pueblos de las mismas a fin de crear un Nomenclátor que delimitase el campo de actuación.

Foto: FloridablancaLos trabajos para la ejecución del Censo de Floridablanca se iniciaron en 1787 de acuerdo con las instrucciones contenidas en la Real Orden del 28 de julio de 1786.

En este caso, se encomendó la ejecución del mismo a los intendentes de cada provincia que se encargarían de hacer llegar a las autoridades civiles de cada lugar (alcaldes, regidores…) un cuestionario único en el que se debían de consignar los datos solicitados.

En el cuestionario se debía de resumir la población en una tabla de doble entrada similar a la utilizada en 1768. Además se debía de clasificar la población de acuerdo con una tabla de ocupaciones de 23 clases.

Foto: Censos de Manuel GodoyEl siguiente Censo de población sería ejecutado por orden de D. Manuel Godoy en 1797 dándose la circunstancia de que, en este caso, tan sólo conocemos los resultados obtenidos por el mismo, publicados en 1801, siéndonos desconocidos los detalles de su ejecución.

Las guerras napoleónicas y la inestabilidad política de la época posterior impidieron la ejecución de nuevos censos hasta que en 1857 se ejecutó un nuevo Censo de población que sería publicado en 1858. En este nuevo Censo se utilizó por primera vez la división en provincial aprobada en 1833 y que sigue vigente en la actualidad. También fue novedosa la clasificación de la población en "establecida" y "transeúnte". Hay que decir que los mismos responsables de este Censo advirtieron, en el momento de su publicación, de la poca fiabilidad de las cifras obtenidas recomendando, en consecuencia, que se realizase un nuevo Censo tan rápidamente como fuese posible a fin de poder aprovechar la experiencia acumulada.

Siguiendo estas recomendaciones, se realizó otro Censo en 1860 de forma mucho más cuidadosa que el anterior y cuya principal novedad, además de la fiabilidad de los datos, consistió en ofrecer tablas de población por instrucción elemental, clasificación de población por unos intervalos de edad más completos y, sobre todo, calcular la "población de derecho".

Foto: Censo 1897Aunque en el Real Decreto de 1858 que ordenaba la realización del Censo de 1860 se preveía que este tipo de operación se debía de renovar cada cinco años, un nuevo periodo de inestabilidad política impidió este propósito de tal manera que el siguiente Censo no se realizó hasta el año 1887, ya bajo la el reinado de Alfonso XII y siendo jefe de gobierno Martínez Campos. El siguiente Censo se realizaría en 1897, cerrándose así la serie de censos realizados en el siglo XIX.